dilluns, 13 d’octubre del 2008

VICENTE MUÑIZ. TESTIMONIO DE UNA VÍCTIMA VALIENTE.

Vicente Muñiz


Mi nombre es Vicente Muñiz Campos y me han invitado a dirigiros unas palabras.

Finalizada la guerra, España fue el escenario de una de las más sangrientas y prolongadas represiones llevadas a cabo en Europa. Prisiones desbordadas, torturas, presos fusilados y arrojados a una fosa común como si fueran perros.

Todo el país se convirtió en una inmensa cárcel, donde sus habitantes fueron fichados y clasificados políticamente según fueran afines, indiferentes o desafectos al Régimen.

Las mujeres antifascistas aún lo tenían peor. No eran presas políticas; sólo delincuentes.

En cuanto a los hijos de los rojos, el diagnóstico médico de Vallejo Nájera era que debían ser separados de sus padres desde la infancia para liberar a la sociedad de plaga tan terrible.

Mi hermano y yo fuimos dos niños internados con nuestra madre en el convento de Santa Clara, que servía de cárcel de mujeres en Valencia.


Águeda, madre de Vicente, con él sobre la falda y su hermano en brazos


Estuvimos con ella hasta poco antes que la fusilaran en Paterna el 5 de abril de 1941. Junto con mis padres fusilaron a otros diez antifascistas. Uno de ellos se llamaba Federico Rico y era el abuelo materno de Pepita Chofre.

Tras la ejecución de mis padres, fuimos ingresados en un asilo de monjas en Valencia.


Armando Muñiz


Más que monjas de la caridad, parecían de las SS. No se quitaban la vara de la mano. Palizas y castigos diarios. Toda nuestra educación fue el nacionalcatolicismo. El Cara al Sol, las misas y los rosarios eran diarios.

Y luego estaba el silencio. Sabíamos que nuestros padres habían sido rojos, y que habían sido fusilados en Paterna. Pero no teníamos conocimiento del porqué de su fusilamiento ni dónde estaban enterrados. Sólo la monserga continua de las monjas contra los rojos que, según ellas, eran el diablo en persona.

Mi hermano y yo, como miles de hijos de antifascistas represaliados, también fuimos víctimas del régimen franquista. Pero el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ha rechazado recientemente revisar la sentencia franquista que condenó a muerte a mis padres porque dice que los hechos de la demanda no me afectan a mí personalmente sino a mis padres fusilados en 1941. Leer.

Finalizada la II Guerra Mundial en 1945, Franco lograría que Estados Unidos le garantizara su seguridad personal y la de su régimen, a pesar de que no cesaría de asesinar opositores hasta su muerte en 1975.

Después, durante la transición, los políticos españoles pactaron no hablar del pasado y despreciaron la Memoria Histórica. De esta manera, se pasó de un sistema criminal a uno democrático, sin tener que pagar ningún tipo de condena por los desmanes cometidos durante la Dictadura.

Cuando llegó la democracia esperábamos que la injusticia sería corregida. Que se anularían los Juicios Sumarísimos del franquismo.

Esperamos en vano.

Tal vez piensan que el tiempo lo va a arreglar, pero una herida cicatriza cuando se limpia y desinfecta a conciencia. Si dejas el pus y toda la suciedad dentro, no tendrás otra solución que volver a abrirla.

Algunos quieren que nos sigamos callando. Dicen que podemos abrir viejas heridas. Al parecer, lo que cuenta es que no contemos nada, suprimir cualquier testimonio de las atrocidades cometidas por los fascistas. Intentan seguir oprimiéndonos. Que la única verdad quede en manos de los herederos ideológicos de la manipulación, que los vencedores de la guerra sean sus dueños.

Tampoco nos vamos a callar. Hemos pasado muchas humillaciones y disgustos. Algunos llevamos toda una vida, soportando a los que han pretendido que nos avergoncemos de nuestros familiares.

Aquí ha habido demasiada gente que ha visto llegar el final de sus días esperando armarse del suficiente valor para denunciar los atropellos sufridos por su familia por miedo a las represalias.

Siempre ha de haber una cierta cantidad de decoro.

Las mujeres y los hombres antifascistas mantuvieron el decoro del país en los tiempos terribles y miserables de la dictadura. No son los represalíados por los franquistas los que han de recuperar una dignidad que nunca perdieron. Pero sí nuestra democracia.

Espero que os guste este documental y me despido recordando unos versos de Miguel Hernández:

Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido nunca renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños”.

Muchas gracias por escucharme y hasta siempre.