dilluns 8 de febrer de 2010

ANTONIO ESCOBAR HUERTA: EL ÚLTIMO GENERAL DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA

General Escobar

El General “olvidado”, o el “muy católico” General son algunos de los sobrenombres con los que, muy raramente, se hace referencia a Antonio Escobar Huerta  (“La guerra del general Escobar” de Olaizola,  premio Planeta de 1983, y “Entre la cruz y la República” de Arasa, entre las pocas obras que lo abordan), guardia civil, hombre de honor, defensor de la República Española y la Constitución a la que había jurado lealtad; aunque en julio de 1936, mantener la propia palabra y la lealtad a la Constitución, representase una auténtica temeridad, cuando no una condena cierta a muerte, en todos aquellos lugares en los que los golpistas se hicieron con el control.


Lo que no pasó en Barcelona precisamente porque, en el momento de mayor incertidumbre, la Benemérita mandada por Aranguren y Escobar se mantuvo leal a las instituciones democráticas decantando la situación de la Ciudad Condal del lado de la legalidad. Cuenta el anecdotario que el propio President Companys suspiró aliviado cuando, al ver aproximarse a los hombres de Escobar, armados y en formación, al edificio de la Generalitat de Cataluña, éste les ordenó saludar a la institución y continuó su marcha a la toma de los emplazamientos dónde los golpistas se habían hecho fuertes y se enfrentaban a los milicianos de Durruti. No sería ésta su única responsabilidad decisiva, encargado inmediatamente a continuación por el propio Vicente Rojo de la encarnizada defensa del sector de la Casa de Campo – vital en las horas más dramáticas de la batalla de Madrid – cuando su caida era tan previsible que hasta algún corresponsal inglés que acompañaba las columnas de los golpistas se aventuró a enviar a Londres una precipitada crónica que sería publicada al día siguiente, sobre cómo se había producido ya la entrada de falangistas y requetés en la capital… con tres años de adelanto.

Honrado, íntegro, comprometido con la defensa de la República española hasta decir basta en todo lo que se le conoce hasta la fecha, resulta difícil recoger en estas líneas el alcance de lo que a Escobar le supuso cumplir con su deber con el Gobierno legítimo: desgarrado por el dolor de ver a uno de sus propios hijos pasarse al bando de Franco, de saberlo más tarde caido en la batalla de Belchite, blanco él mismo de recelos y desconfianzas de los sectores más radicales –  repudiado por sectores de la izquierda tanto como lo sería desde el primer momento de la contienda por la extrema derecha – y hasta objeto de un fallido atentado que no se ha llegado a esclarecer si fue perpetrado por quintacolumnistas infiltrados en la República. Herido en varias ocasiones el Presidente Azaña en persona le autorizó un peregrinaje a la Virgen de Lourdes, todavía convaleciente, que fue la comidilla de la retaguardia republicana, y de las malas lenguas que decían que aprovecharía el permiso para escapar a Francia ante lo crítico de la situación. No fue así, sino que regresó para pasar asumir el mando del ejercito de Extremadura, uno de los pocos operativos que aún le quedaban a la República, emprendiendo a inicios del 39 –  ya perdida la batalla del Ebro – la que sería la última ofensiva, a la desesperada, de la Segunda República Española, en el sector de Valsequillo-Peñarroya, intentando desviar, con ello, el avance principal franquista y ganar el tiempo que no se llegó a tener para organizar una segunda línea defensiva en Cataluña.

Tras la captura de Almadén y la ruptura definitiva del frente de Extremadura, caida ya Barcelona y perpetrado el autogolpe casadista en Madrid, Antonio Escobar Huerta, el último General de la República española en territorio nacional, rindió su mando ante Yagüe y sus legionarios en el antiguo casino de Ciudad Real el 26 de marzo de 1939. Leal a la República hasta el final, pudo haber escapado en una avioneta a Portugal pero decidió permanecer junto a sus hombres, convencido de no haber hecho otra cosa que cumplir con su deber de guardia civil y decidido a correr su misma suerte: el propio Franco intervino en persona para asegurarse de que fuese pertinentemente fusilado.

Y esa “España mejor”, democrática, constitucional, que Escobar defendió con su vida hasta sus últimas consecuencias, aún no ha sido capaz de decir que el cargo acusatorio de “rebelión” por el que fue condenado por los “rebeldes” no tiene validez jurídica alguna; que su “Consejo de Guerra” fue una farsa predeterminada en su resultado antes de empezar, y que su ejecución, sin haber cometido crimen capital alguno, fue un simple y vil asesinato: parte del exterminio general llevado a cabo por la dictadura. Una mala ley “de la memoria” – hecha con más cálculo y miedo a los votos del que Escobar y los suyos mostraron a las balas de los sublevados cuando había que jugarse la vida defendiendo nuestra Constitución – ha dejado pasar la oportunidad de declarar la nulidad jurídica, de pleno derecho, de todo ello y de restaurar el honor de  todas estas personas irrepetibles. Pero mejor no entrar en tales comparaciones entre unos y otros - la actuación de los hacedores de nuestra “olvidadiza” ley con la de los defensores de nuestra República perdida –  que las comparaciones, a veces, pueden resultar demasiado odiosas.

Antonio Escobar Huerta murió crucifijo en mano y mandando su propio pelotón de ejecución, el amanecer del 8 de febrero de 1940 en los fosos del castillo de Montjuic. Ninguna calle en Ciudad Real, Barcelona o Madrid, ni tan siquiera en Ceuta – su ciudad natal –, lleva su nombre, ninguna estatua conmemorativa recuerda entre nosotros a este guardia civil que mantuvo su palabra y cumplió con su deber más allá de lo que a nadie se le puede exigir. Ninguna izquierda democrática, ninguna derecha democrática, ha entendido todavía oportuno reivindicar la memoria de este hombre de honor que mantuvo su juramento de defender nuestra Constitución a tan alto precio. Peor para ellos. Para todos nosotros en realidad.

El hombre yace, el cielo se eleva, el aire mueve.
 
Miguel Ángel Rodríguez Arias.

dimecres 20 de gener de 2010


dimecres 13 de gener de 2010

LAS PRESAS DE FRANCO EN DURANGO






DURANGO


BAJO un gobierno que encarcela a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel". La cita, no importa de quién, ilustra a la perfección lo irracional de dictaduras como la española de los Sanjurjo, Mola o Franco. En Bizkaia, el régimen totalitario planificó en plena confrontación civil un total de tres prisiones para mujeres: El Carmelo, en Amorebieta-Etxano, Nevers, en Durango, y el Chalé de Orue, en Deusto. A sólo un paso de Ondarroa, además, se torturó a las presas en el campo de concentración de Saturraran.

La recuperación de la Memoria Histórica va arrojando luz a tanta sombra. Toda efeméride sirve de excusa para saber algo más, para denunciar aquel horror que la resistencia antifascista trató de atajar, incluso con la vida personal de por medio. El pasado domingo, se cumplieron 70 años de la apertura de la prisión para mujeres de Durango. Poco se ha escrito sobre ella, las escasas fotos se repiten en la ansiedad de historiadores por escarbar un poco más en la mala conciencia de los militares golpistas del 17 y 18 de julio de 1936.

Casi tres años después del bombardeo del 31 de marzo de 1937 de Durango, recalaron a la villa el 3 de enero de 1940 las primeras presas políticas, comunes y prostitutas al convento-colegio de las Damas de Nevers. Esta casona funcionó como cárcel durante el año 1940, hasta que, al regreso de Francia, a donde se exiliaron las religiosas del Sagrado Corazón, les fue devuelto. El edificio también fue lugar de noviciado de monjas y en mayo de 1937 se utilizó como sede para un batallón de un centenar de prisioneros, a los que se les obligó a hacer labores de desescombro en la bombardeada villa.

La denominada Prisión Central de Durango -como recogen algunas credenciales- aglutinó a presas comunes y a aquellas mujeres acusadas de defender la libertad, la justicia social, el gobierno legítimo de la II República o los derechos del pueblo vasco.

ALEJAMIENTO DE LAS FAMILIAS Enero de 1940. A la localidad iban a llegar las primeras "expediciones", como se denominaba a los traslados a otras prisiones de aquellas internas que ya habían sido juzgadas y condenadas. Esto suponía alejamientos de familias que perdían en la mayoría de los casos toda noticia de ellas.

Antes de llegar a Durango, el caso de unas reclusas de la dictadura provenientes de la cárcel madrileña de Ventas, viajaron tres días con un chusco de pan y un arenque como única comida. "¡Como en Auschwitz! Igual", compara el historiador de Gerediaga Elkartea, Jon Irazabal. Tras las tres lunas, arribaron al pueblo guipuzcoano de Zumarraga, en días de nieve.

El alcalde de la localidad le echó arrojo al solicitar al oficial si su Ayuntamiento podía dar de comer a las mujeres de los trenes. A la respuesta le sobró de todo: "¡Eso que ahorramos al Estado!". La sopa volvió a dar vida a las presas. Antes de partir a Durango, los vecinos solidarios les regalaron una vela y una hogaza de pan por vagón.

La llegada de estas mujeres hace ahora 70 años al municipio vizcaino fue de revolución. Lo recuerda Nieves Waldemer Santisteban, presa y testigo de la llegada : "La gente de Durango no nos quería pegar ni hacer nada. Lo que no querían es que hubiera presas políticas en aquel pueblo", relató Waldemer a la también reclusa Tomasa Cuevas, a la larga recopiladora de impagables testimonios.

La casona, de la que hoy sólo se conserva la verja, era de cuatro alturas. La cocina estaba en la planta baja. "Cada día teníamos que bajar a por nuestro plato de puré repugnante. Poníamos el plato boca abajo y el rancho no se caía".

A diario, también, llegaban nuevas expediciones. "¡No había cárceles en España para tanto preso!". Pudieron ser más de dos mil mujeres que dormían hacinadas cada una sobre 40 centímetros en el suelo. Estuvieron al cargo de las "malísimas", entonces, Hermanas de la Caridad, religiosas rendidas al régimen nacionalcatólico.

En aquel tiempo, el Estado estableció una disposición: Los niños de más de dos años no podían permanecerr con sus madres en la cárceles. Algunos, incluso, habían nacido en la de Durango. Decretaron una fecha tope para sacarlos. Las ex reclusas citan que sus vecinos eran "muy buenos", y llegaron a hacerse cargo de algunos que se afincaron en el municipio. Todavía, quién sabe, puede vivir alguno.

Durante el año en el que estuvo abierta la prisión, se abrió un economato en el penal. Al no tener dinero, las reclusas optaron por manufacturar guantes, muñecos, centros de mesa... "Con lo que ganábamos con ellos, cubríamos los gastitos de comprar pasta de dientes, jabón, lejía, sellos y, el gasto de viejas que ya no podían trabajar porque casi no tenían vista. Algunas tenían ochenta años", rememoró Nieves Waldemer.

Las más jóvenes ponían todas sus ganas en cantar a diario para que las mujeres mayores dejaran de pensar en sus maridos, hijos... Para ello, incluso, inventaban letras que entonaban: "Soy reclusa, soy reclusa no tengo, y no tengo más pesar que perdí mi libertad. No deseo las riquezas ni añoro comodidades que disminuyan mi mal. Sólo quiero con locura en otro primero de mayo vivir en casa en paz".

celebración en la cárcel Curiosamente, celebraron el día del trabajador en la prisión. También dos semanas antes conmemoraron el 14 de abril, el Día de la República, con charlas en corros. "Se explicaba lo que significaba ese día y lo que era la República para España y cómo la habían traicionado", recoge el libro Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas, de Tomasa Cuevas.

Una interna compuso una canción "muy simpática, muy alegre con música de marcha" para el Primero de Mayo. Medio centenar de reclusas salieron al patio y una "con una escoba vieja y un jersey rojo desfilaba por delante".

La letra decía: "Cuando tocan las campanas por la mañana temprano, con desdén me desperezo porque me acuesto soñando y soñando me levanto, cuando río y cuando canto". Al hacer mención, a continuación, al 1 de Mayo "salieron oficiales, el director, las monjas, las funcionarias... todos dando gritos y mandándonos a nuestra sala".

Los meses fueron pasando, mientras la orden francesa de Nevers continuaba con su pleito con el Estado para que les devolvieran su convento hecho cárcel. Al final, las religiosas lograron volver a su inmueble lo que obligaría a cerrar la cárcel y que las monjas de la Caridad también abandonaran el edificio, como las presas. Corría el mes de diciembre.

Wlademer recuerda la partida: "La salida de la estación fue emocionante, todo el pueblo quería darnos paquetes, todos nos querían despedir". Como agradecimiento a la ciudadanía inventaron "un cantar" que decía "salud Durango, Durango de mi querer, mi querer,. Salud Durango, libre te volveré a ver. No me marcho por el pueblo, que las gentes buenas son, buenas son. Me marcho porque me llevan trasladada de prisión".

dijous 24 de desembre de 2009

EL GRAN MANIPULADOR


Enrique Urraca de Diego - Presidente de ARMH Exilio Republicano. Barcelona


Después del estreno del documental Ich bin Enric Marco, sobre Enric Marco, el falso prisionero de un campo de concentración nazi, quiero decir que este gran manipulador sigue, sin ninguna vergüenza ni arrepentimiento, su singular camino lleno de mentiras. No fue deportado en los campos nazis, pero sí fue voluntario a trabajar a la Alemania nazi para su industria de guerra. Mientras, mi tío, como otros miles de republicanos, sufría la barbarie nazi en el campo de Mauthausen. ¿Cómo puedo aceptar eso?
Trabajé muy estrechamente con Enric Marco en la Amical de Mauthausen durante un año, hasta que estalló el escándalo. Nunca sospeché de él, le aporté toda mi ayuda y apoyo en el trabajo. Le ofrecí, más que mi amistad, mi cariño como deportado. Él lo sabía, se lo dije. Y aun así me mintió, y siguió mintiéndome hasta el final. Para mí fue muy doloroso, pues nunca imaginé que alguien fuese capaz de tal falacia.


¿Y aún hoy se pregunta a quién debe pedir perdón? Debería pedir perdón a los deportados, a sus familiares y a la sociedad, porque hay temas con los que no se puede mentir y manipular. Debería pedir perdón a esos jóvenes estudiantes que le creyeron cuando les explicaba su experiencia de deportado y quedaron desconcertados después. Disculpen que les diga: yo no le perdono. El sufrimiento de nuestros familiares se merece un trato más serio que las elucubraciones de un ser enfermo con ganas de notoriedad.



Carta del nostre company de la Memòria publicada al Periódico de Catalunya

dilluns 21 de desembre de 2009

BONES FESTES I MOLTA MEMÒRIA


diumenge 20 de desembre de 2009

¡ASESINOS! por Gonzalo Adrio


                                Gonzalo junto al retrato de su hermano José


Tantas y tantas muertes ¡asesinos!
Sumasteis día a día con gran saña,
sangre, sangre, sangre...
Con ella anegasteis toda ESPAÑA.
Y así sucedió, muerte tras muerte,
matasteis, asesinando a los mejores;
dejando todo un mundo inerte
y un pueblo vacío de valores.
Pero ellos, serenos, indomables,
afrentaron la muerte y sus nombres
no lograsteis borrar al inmolarlos
y hoy les recordamos por sus gestos tan nobles.
Que la afrenta fue para quienes
asesinos, viles, aleves y felones,
rompieron vuestras sienes
con el "tiro de gracia" de matones.
Creyeron que acabando vuestras vidas
morirían las palabras para ellos tan odiadas:
de libertad, igualdad, fraternidad ....
Como si matándoos pudiesen acabar
con todos, con toda la inmensa HUMANIDAD.
Pretendieron matar unas ideas ....
¡Qué horrible desengaño!.
Las ideas no mueren, no se matan,
y hoy vuelven porque nunca murieron,
y si os queda algo de conciencia
tendréis que preguntar, ¿popr qué matamos?
y tendréis que contestar y deciros
¡SOMOS PEOR QUE FIERAS; NUNCA FUIMOS HUMANOS!


Poema de Gonzalo Adrio, un lúcido amigo de 90 años, en el aniversario del asesinato de su hermano José, cometido el 12 de noviembre de 1936 en Pontevedra. Fue despojado de la vida junto a nueve personas más, entre ellas su tío Germán. 

dimarts 15 de desembre de 2009

LAS MUJERES DE LA TORRE DE ESTEBAN HAMBRÁN VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN FRANQUISTA

Nicolasa Caballero Bermúdez

No sólo fusilaron, de 1939 a 1941 (en Madrid y en Talavera), a los hombres que defendieron la legalidad republicana, no sólo murieron en la cárcel concejales como Aurelio Serrano Martín, sino que se ensañaron los fascistas con las mujeres, familiares de los defensores de la legalidad, en La Torre de Esteban Hambrán, Toledo.

Fueron fusiladas, en el cementerio de La Almudena de Madrid en marzo y abril del 41, Francisca Martín Aguilar, hermana de Eugenio Martín Aguilar (fusilado en Talavera), Isabel Gómez Sánchez, hermana de Mariano Gómez Sánchez, esposa del tabernero Guillermo Caro Montero (fusilado con ellos el 6-3-41).

La casa de Mariano y Blasa, (tía de Eudaldo Serrano Recio), fue arrasada, no se pueden encontrar fotos de Ramona Serrano Alonso, quien mucho padeció para criar sola a sus dos hijos pequeños, tras ser fusilado su marido Mariano Gómez Sánchez, dice una familiar de Ramona y Mariano.

Isabel Gómez Sánchez y Guillermo Caro Montero tenían tres hijos. Si nos leen, sepan que estamos dispuestos a rendir homenaje a sus padres.

La hermana del alcalde del Frente Popular, Pedro Caballero Bermúdez, Nicolasa Caballero Bermúdez, estuvo en la cárcel varios años, tras ser condenada a muerte (mismo expediente que los demás, n°9925) e indultada después.

Se quedó viuda con dos hijos, después de que fusilaran a Cesáreo López Garrido, cuñado del alcalde, fusilado también con Eudaldo Serrano Recio, Guillermo Caro Montero (el 6-3-41).


Nicolasa con su marido Cesáreo

Carmen, su hija, estuvo muchos años en un colegio de monjas, mientras Nicolasa tenía que presentarse todos los días en el cuartel de la Guardia Civil, cuentan ella y su nieta.

Emilia Serrano Rodríguez (86 años) padeció mucho con padre (Aurelio) y madre (Juana) encarcelados ; con su hermana Isabel, ambas chiquillas de 15 y 14 años, llevaban dos cestas de comida semanales a sus padres, a Yeserías y a Ventas.

Cipriana (de 75 años), la madre de Aurelio Serrano Martín, fusilada con su hermana, Trinidad (de 73 años), yace en una cuneta con ésta, cerca de Méntrida, según Emilia, su nieta, quien quisiera recuperar sus restos para darles una sepultura digna. Las dos ancianas fueron cruelmente humilladas antes de ser fusiladas y abandonadas en una cuneta, como cuenta Emilia.

Juana Serrano, la prima de Eudaldo Serrano Recio, también estuvo en la cárcel varios años, por haber visto saltar al Jefe de Falange (Juan Aguado) a su corral.

Mucho silencio, los expedientes casi inasequibles (dos años para poder “verlos”, actualmente, en el Ministerio de Defensa, Paseo de Moret, donde los pedimos en junio del 2008 y si se pide copia en cd se paralizan durante 9 a 12 meses), no permiten revelar otros crímenes cometidos en aquella localidad toledana, donde fascistas anónimos nos acusan de querer « abrir heridas casi cicatrizadas », las suyas.

Pero de éstas víctimas, las nuestras, sí que sabemos y queremos hablar.

No olvidemos a las mujeres de La Torre de Esteban Hambrán:

Fusiladas : Francisca Martín Aguilar, Isabel Gómez Sánchez, Cipriana y Trinidad (madre y tía de Aurelio Serrano Martín), cuyos restos siguen en cunetas por los alrededores de Méntrida, según testigos bien informados.

Encarceladas : Juana (esposa de Aurelio), Nicolasa (hermana de Pedro Caballero), Juana Serrano (prima de Eudaldo Serrano Recio).

Esposas viudas y niñas huérfanas : Juana (esposa de Aurelio), Ramona (esposa de Mariano Gómez Sánchez), Carmen, Piedad y Cesáreo (hijos de Nicolasa y de Cesáreo López Garrido), Emilia e Isabel (hijas de Aurelio).

Tantas víctimas del fascismo de La Torre de Esteban Hambrán, mujeres sencillas y valientes que no se merecieron suerte tan despiadada ¡ Rindámosles homenaje, recordémoslas !

Daniel Serrano Recio y Rose-Marie Serrano (París, 15-12-2009)