dijous, 21 d’agost de 2008

MARAVILLAS, 14 AÑOS, VIOLADA Y FUSILADA.


GARA

Muchos conocieron su historia, una de las más espeluznantes de la masacre de 1936, en el acto de Sartaguda. Lo hicieron a través de la emotiva balada compuesta por Fermin Balentzia, el popular cantautor navarro: «La noche los vio entrar/ eran hombres sin luz/ venían a todo gritar/ eran la muerte azul./ La escalera crujió/ cuando salías tú/ con tu padre a dejar/ tu niña juventud./ Maravillas, Maravillas/ florecica de Larraga/ amapola del camino/ te seguiré donde vayas./ A Monreal, a Otsoportillo,/ a Sartaguda, a Santacara,/ para sembrar las cunetas/ de flores republicanas».

Fue el 15 de agosto de 1936, «el día de los auroros y con las iglesias llenas», según ha escrito una de las personas que acudieron a Sartaguda y que descubrieron ese sábado la historia de Maravillas y de su padre, Vicente Lamberto, militante socialista de Larraga, del que la niña decidió no separarse aunque le costara la vida. Tenía sólo 14 años, pero sabía bien adónde se lo llevaban los falangistas, por lo que insistió en acompañarles. Su final hasta duele contarlo. A Maravillas la violaron reiteradamente antes de matarla. El cadáver desnudo no fue descubierto hasta muchos días después, cuando ya se pudría. Se lo habían echado a los perros.

El nombre de Maravillas Lamberto Yoldi aparece hoy en el gran panel colocado en el Parque. «La muerte no fue capaz/ de sepultar tu mañana/ ni podrá pintar de olvido/ la acuarela de tu alma», canta Balentzia. Pero su estela estuvo a punto de perderse en las tinieblas de la Historia. Los fascistas, avergonzados sin duda, intentaron taparla para siempre. El historiador Iñaki Egaña contó el periplo vital de una de sus dos hermanas, Josefina. Esta niña, a la que la Guardia Civil dio un caramelo cuando les abrió la puerta para llevarse también a su madre, se hizo monja, y su orden la envió al lugar más lejano posible del mapa al saber la historia familiar. Josefina terminó en Karachi (Pakistán). «Cuenta que ni un solo día de su vida ha dejado de llorar a su hermana Maravillas y a su padre Vicente, que las pesadillas la desvelan a pesar de los somníferos y que el ser humano es malo por naturaleza. Que el mundo de los vivos puede ser como el peor de los infiernos concebidos por Dante. Y su desasosiego se ensancha cada día porque sabe que Maravillas no tendrá una tumba en la que depositar sus lágrimas infinitas», escribió Egaña.