dilluns, 18 d’agost de 2008

MATÍAS ARRANZ. IN MEMORIAM.


Hay hombres que están destinados a ser arrastrados por la historia, participando así en todos los trágicos acontecimientos que el nazismo ha causado a nivel mundial. Mi amigo Matías Arranz fue uno de estos hombres. Su historia se confunde con la de los horrores del siglo XX.

Nacido en Vadocondes, en la recia Castilla, a los 19 años se instala en Madrid, allí, llevado del idealismo que siempre presidió su vida, empieza su lucha por obtener un mundo mejor, lucha que duraría hasta su muerte. Fue militante de las Juventudes Socialistas Unificadas, y sin pensarlo dos veces al saber la rebelión del general felón acudió inmediatamente a alistarse como miliciano, su lucha por la justicia, que él había creído pacifica y democrática, debía continuar por las armas, así lo habían decidido los poderes que mecían la cuna del fascismo, los terratenientes, los militares ambiciosos, los patronos y la Iglesia Católica que llevaba años preparando la destrucción de la República.
.
En Toledo fue herido en los primeros meses de combate, aquello no le hizo retroceder, sino que en el 37 se une a las Brigadas Internacionales, con la 13 brigada Polaca Dombrowski participó en las principales batallas de una guerra civil impuesta y sostenida por las potencias extranjeras, Guadalajara, Teruel la batalla del Ebro, unas ganadas, otras perdidas, pero en ellas se mostró al mundo el coraje, el valor de los republicanos, que sin el menor apoyo se veían a veces obligados a enfrentarse con las manos desnudas a los fascistas, las armas se negaban a los que defendían el orden legal, los franquistas estaban armados hasta los dientes por las potencias extranjeras.

El ejercito republicano marchó hacia Francia, esta tragedia colectiva se llamo” la retirada”, entre los que pudieron salvarse de aquel desastre estaba Matías. Francia les acogió como sabemos, encerrándolos en playas inhóspitas, detrás de alambradas como si se tratara de animales, muchos murieron allí ante la indiferencia de un país que despreciaba a los que defendían una republica como la suya, y se preparaban a reconocer un estado fascista. Pronto las tropas alemanas les enseñarían de lo que era capaz un régimen fascista, un régimen al que entregaban los indefensos españoles.

Matías fue internado en Saint Cyprien. Arena y frío, hambre, piojos y enfermedades, los muertos eran sacados cada día y amontonados en fosas, nadie sabe cuantos fueron, nadie sabe donde están sus cuerpos, se dice que el Aigual del 40, la gran inundación que destrozo la región, llevo sus cuerpos al mar, lejos de una tierra que tan mal los había tratado.

Nuestro héroe, porque lo fue, paso a ser soldado en el ejército francés, la experiencia de los combatientes españoles que habían sabido afrontar a los alemanes en España, interesaba a los militares, la guerra había comenzado y se necesitaba carne de cañón.

La resistencia al ejército invasor no fue muy larga, los franceses se rindieron y Matías fue hecho prisionero. Cuando los alemanes preguntaron a Franco que debían hacer con los españoles, Serrano Suñer contestó con ira, no son españoles, haced lo que queráis con ellos, así que los prisioneros republicanos murieron como apatridas, nadie se interesó por ellos, crimen contra la humanidad, genocidio que ha sido siempre ocultado y que sigue sin castigo, que no se olviden estas palabras, porque costaron la vida a miles de españoles leales, nunca me cansare de repetirlo.

Los campos de exterminio le esperaban, primero Mauthausen, después Gussen, dos campos que los españoles conocieron muy bien, pocos conservaron la vida, los supervivientes nunca han dejado de dar testimonio para que estos hechos, vergüenza de la humanidad no se olviden.

Mi amigo no pudo volver a su patria, el dictador seguía allí, antes apoyado por los nazis, ahora por los aliados, esos grandes demócratas. Los republicanos seguían muriendo lejos de sus campos, de su luna y de su sol. Matías no se rindió, los años de vergüenza y silencio, la losa de la transición que intento acabar con nuestra memoria, no pudieron con él. El resto de su larga existencia lo dedicó a dar testimonio de lo que él y tantos otros habían vivido, a luchar por la República, como siempre había hecho.

Pedía que nos uniéramos todos, porque era la única manera de poder alcanzar la República de nuestros sueños, de poder impedir que no solo nos robaran la vida, sino también la memoria, él estaba allí para impedirlo, acompañaba a los que visitaban los campos de la vergüenza, en Francia o mas lejos, escribía, participo en documentales donde quedó para siempre plasmada la fuerza que le habitaba. Hablaba y nos decía que el gran peligro eran las manzanas podridas que nos separaban y sembraban la cizaña entre nosotros. Su rostro reflejaba la afabilidad, la bondad, y esa convicción de que por fin conseguiríamos el mundo mejor por el que siempre luchó.

Un día vino a verme, estoy deprimido, me dijo, creo que me hago viejo, acababa de cumplir 90 años. No, no eres viejo, le conteste, nunca lo serás, la gente como tu son eternamente jóvenes porque luchan por el porvenir con las nuevas generaciones a las que dan ejemplo, sonrió, y siguió comunicándonos su asombrosa vitalidad.

Adiós amigo, quisiera poder un día decirte que la monarquía fascista ha terminado, que la República de nuestros sueños ha sido proclamada y nuestra bandera tricolor ondea en todo el país y no solo en nuestros corazones, quizás yo me vaya también sir ver este hermoso momento, pero puedes estar seguro de que otros seguirán nuestra lucha y vendrán a decirnos que por fin somos libres. ¡Viva la República!

Milagros Riera